Sunday, December 5, 2010

Une Cigarette Avec Madame Troboa

En la esquina de Boulevard Saint Germain y Rue de Bellechasse existe un establecimiento llamado "Mucha Cafe". Hoy, 17 de Agosto, la vida se apiadó de mí y me regaló un sábado gris. La gente se reúne en este tipo de lugares para charlar y comer. Los fumadores se recluyen en los humeantes rincones de la zona de mesitas al aire libre, apenas suficientemente grandes para mantener un cenicero y un vaso de whiskey. La muerte llega comúnmente sin anunciarse, creando asombro por igual entre quienes no la esperan y los que la buscamos constantemente. No distingue edad, rango o posición social. Contrario a la creencia popular, las Moiras tampoco discriminan entre los fumadores y quienes temen incluso los efectos nocivos del humo de segunda mano. La distancia del café al cementerio es menor de lo que uno querría imaginarse.

Madame Troboa nació en 1970, de acuerdo a lo indicado en su lápida en el cementerio Pere Lachaise de Paris. La mencionada fuente registra el año de su muerte, 1994. Uno de los aspectos más llamativos de esa tumba es la foto en vida de su actual ocupante, Murcella Asskaria. Su imagen es la de una jovencita de enigmática sonrisa, a la vez triste y desafiante. Noté también una traviesa satisfacción, del tipo que caracteriza a las personas de espíritu rebelde; algo que me pareció francamente fascinante. No fue su foto lo único que me atrajo a esta tumba en particular, fuera de mi itinerario original de visitas. Sentado al lado de la misma, y murmurando para sí mismo, estaba un individuo de sucias rastas, barba desaseada y alrededor de 20 años de edad. Había puesto sobre la tumba recortes de algunas revistas y hojas de un árbol cercano, sostenidos con piedritas para evitar que se los llevara el viento. Me acerqué lentamente y me senté al lado opuesto del monumento procurando no hacer ruido. Las hojas estaban dispuestas de forma que se leía "JAH" y "LOVE". Cuando finalmente noto mi presencia, me volteó a ver mientras se secaba rápidamente dos incipientes lágrimas que amenazaban por rodar sobre sus mejillas. Me miró fijamente a los ojos. En mi rudimentario francés, admitiendo mi origen y el español como lengua nativa, acerté a romper la incomodidad de la situación saludándolo como a un viejo conocido y preguntándole sobre la tumba. Se tomó un minuto que me pareció eterno tras escucharme con atención, suspiró y, sin demasiada convicción, empezó a contarme mezclando francés con español.


Madame Troboa, como se le conocía en vida a la ocupante de esta tumba, era una joven socialité proveniente de una familia adinerada de origen portugués. Sin embargo, jamás mostró el menor afecto por los negocios de su padre. Una chica sensible, su interés giró siempre en torno a lo diferente, lo extraño, lo mágico. Renunció desde muy pequeña a intentar formar una pareja o familia. Le parecía egoísta distribuir bondad y amor entre tan pocas personas. En lugar de eso, fundó un orfanato que tomaba niños de la calle e hijos de prostitutas que ya no podían hacerse cargo de ellos. Tras su muerte, ocurrida bajo circunstancias misteriosas y con la conclusión de que fue acelerada por mano propia, su caso fue archivado sin mediar una investigación adecuada. Desafortunadamente, su volátil personalidad y agresivo uso de drogas dejaba poco espacio para especular.
Por su parte, la familia utilizó dinero e influencias para minimizar el escándalo y darle pronto entierro al cuerpo. Sin embargo, amigos y donantes anónimos que conocían su obra aportaron los recursos, monetarios y políticos, para que fuera enterrada en Pere Lachaise, usualmente reservado para la clase más influyente de París. Alguno de ellos concluyó que habría de añadírsele una foto que reflejara la compleja personalidad de Murcella. Fue así como la enigmática expresión de su rostro quedó a la vista de cuanto turista aburrido de Morrison y curioso que ya había visitado a Wilde pasara cerca.

Mientras me contaba la historia, el joven extendió su brazo tatuado en dirección mía, con una botella de blanca champaña al extremo de la misma que resaltaba por contraste las sucias uñas de su mano, y me convido un trago. Bebí un sorbo sin limpiar la boquilla, algo que seguramente habría hecho en circunstancias distintas, resistiendo el pulcro impulso por el riesgo de ofenderlo. Él mismo bebió un trago cuando le regresé la botella. Hizo una pausa para tomar aire y continuó, al tiempo que sus ojos se cristalizaron sin que se permitiera derramar una lágrima más. Me contó que los huérfanos que atendía Murcella en su establecimiento escaparon del lugar tras su muerte.
Madame Troboa, como le llamaban sus niños, era vista por los huérfanos como una madre sustituta, en parte porque ella jamás inició un solo trámite encaminado a darlos en adopción. Se convirtió desde entonces en un ritual de los huérfanos parisinos, como él mismo, pasar por la tumba de Madame Troboa tras escapar de un orfanato o de su familia suplente. Van a pedirle protección, de la misma manera que los devotos de una religión harían con sus santos.

A juzgar por la emoción impregnada en sus palabras, el relator creía esta historia fielmente. No quise especular si era él uno de los huérfanos de Madame Troboa, o simplemente un indigente más que conocía la historia. Agradecí amablemente el trago de champaña, me puse de pie y me retiré en silencio tras una breve reverencia con la cabeza. Fue en ese momento que me miró como queriendo reconocerme por una fracción de segundo. Luego, sin decir más, volvió la vista nuevamente a la tumba y siguió murmurando lo que parecía un rezo para sí mismo.














Un viento frío empezó a soplar, al tiempo que el sol terminaba su camino cruzando la bóveda celeste. Ya era casi hora de cerrar. El personal de seguridad no tardaría en hacer sus rondas vespertinas en busca de turistas desorientados. Es increíble como los cementerios parecieran estar frecuentemente un par de grados más fríos que el resto de la ciudad, y ser al mismo tiempo tanto más cálidos... Al final, no somos todos huérfanos de Madame Troboa?

Es hora de buscar un café en los alrededores del cementerio. Habrá alguno donde ofrezcan cerveza negra y Welsh Rabbit? Espero encontrar uno en el que se permita fumar.

3 comments:

  1. Gracias por esta información, hace poco visité Père-Lachaise por primera vez y me llamó muchisimo la atención esta tumba, esa foto desde luego desprende algo, por algun motivo me impactó mucho más que el resto de tumbas de las "celebrities" Gracias!

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  2. Gracias!!Me sentía muy intrigada por Murcella y no encontraba información alguna sobre ella.. Me interesó mucho su mirada y no me la pude quitar de la cabeza desde mi última visita. Gracias de nuevo.

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  3. Grâcias por la information. Gran mujer repose en paz.

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